13 de febrero de 2011

Iglesia de San Francisco | Quito

La Iglesia de San Francisco de Quito es uno de los principales conjuntos arquitectónicos y religiosos del Centro Histórico de la ciudad de Quito y se halla ubicado frente a la plaza que lleva su mismo nombre.  El imponente edificio ostenta el privilegio de ser el conjunto arquitectónico de mayor dimensión dentro de los centros históricos de toda América y por ello es conocido como "el Escorial del Nuevo Mundo".

La Iglesia de San Francisco es, además, una verdadera joya de la arquitectura por su amalgama de diferentes estilos armoniosamente combinados a lo largo de sus más de 150 años de construcción.

Construcción


La construcción de la Iglesia y Convento de San Francisco inició alrededor del año 1 550,  y se terminó hacia 1 680. Aunque el edificio fue oficialmente inaugurado en el año 1605.

Con el apoyo de la congregación franciscana europea, los clérigos belgas fray Jodoco Ricke y fray Pedro Gosseal, quienes llegaron a la ciudad dos años después de su fundación, lograron adquirir unos terrenos al costado oeste de la plaza principal; el mismo lugar donde un día se había levantado el palacio de Atahualpa, el último gobernante Inca. Es decir, el lugar tenía un enorme significado histórico y estratégico para el pueblo indígena que los franciscanos deseaban evangelizar.

Estilo arquitectónico
Los planos originales del templo fueron sometidos a diversos cambios a lo largo de los casi 150 años que demoró su construcción. Muchas veces estos cambios fueron "violentos y equivocados" a causa de los daños causados por terremotos y la evolución del arte y la cultura hasta alcanzar finalmente la forma casi ecléctica con la que la conocemos hoy en día; es por ello que San Francisco es uno de los monumentos de mayor importancia dentro de la arquitectura americana.

La fachada del templo refleja la presencia temprana, y por primera vez en América del Sur, de elementos manieristas, lo que lo convirtió en un punto de referencia de este estilo en el continente. La severidad renacentista y el manierismo exteriores contrastan con la decoración interna de la iglesia, en la que se mezclan el mudéjar y el barroco bañados por pan de oro para dar un esplendor inusual,

 En sus tres naves, San Francisco devela artesonados moriscos con lazos mudéjares, retablos profusamente decorados y columnas de diversos estilos. En el coro, la decoración mudéjar, original de finales del siglo XVI, se conserva íntegra porque la nave central se vio abajo con un terremoto y fue reemplazado por un artesonado barroco en 1770.


Convento de San Francisco
El complejo se completa con el convento, en el que destaca la belleza arquitectónica del claustro principal, dispuesto alrededor del inmenso patio, en dos galerías superpuestas.

Piezas de arte

En el altar mayor de San Francisco, dominado por un gran retablo barroco y cubierto de pan de oro, destacan las esculturas de la "Virgen de Quito" de Legarda y del "Jesús del Gran Poder" del Padre Carlos; ambos destacados miembros de la escuela quiteña de arte.

La movilidad que tiene la escultura de la Virgen de Quito, cuya modelo habría sido una inquieta niña sobrina del escultor, genera tal atractivo visual que sus réplicas se han convertido en obsequio emblemático del cabildo quiteño a sus huéspedes extranjeros.

El Jesús del Gran Poder es el ícono principal de una de las dos mayores procesiones religiosas de Viernes Santo en Ecuador, que congrega a estratos populares, en un acto de cucuruchos y penitentes, al más puro estilo medieval, que evocan a la española Sevilla.

Altar Iglesia de San Francisco
Las dos naves laterales de la iglesia están llenas de esculturas de santos colocados en retablos cubiertos de pan de oro, ante quienes cientos de fieles se arrodillan todos los días para implorar "intercesiones" milagrosas. San Francisco es, además, una enorme pinacoteca en la que se exhiben docenas de pinturas de famosos pintores quiteños y europeos; pero su principal atractivo radica en las obras pertenecientes a la escuela quiteña de arte, estilo que nació en los patios de este convento, y cuya fama trascendió las fronteras y hoy se encuentra en importantes museos de todo el mundo.

 La leyenda de Cantuña

Quizás por la importancia de la mano de obra aborigen durante la construcción del templo, es que precisamente un indígena es a quien la historia señala como protagonista de una de las leyendas más antiguas de Quito, que se relaciona con los orígenes de esta iglesia y se ha mantenido viva en la memoria popular a lo largo de cuatro siglos.

De acuerdo a la tradición, el indígena Cantuña corría el riesgo de ir a la cárcel porque aún no había terminado la obra que le había sido asignada y por la cual le habían pagado por adelantado: el imponente atrio de la iglesia de San Francisco; y pronto expiraría el plazo en el que debía entregarla.

Una noche, se le apareció el diablo y le ofreció terminarla en una sola jornada a cambio de su alma. El apremiado Cantuña aceptó la propuesta y a la noche siguiente, miles de afanosos diablillos trabajaron intensamente y al alba la tenían lista. Pero antes de recibirla, el astuto indígena retiró una piedra y la obra, en la práctica, quedó inclusa. Este detalle le salvó de los horrores eternos del infierno.

Aquella leyenda, contada una y mil veces a lo largo del tiempo y en todos los estratos sociales del país, demuestra en plenitud el valor arquitectónico, artístico y religioso que tiene el templo de San Francisco, arraigado desde hace siglos en la cultura popular.

Fuente:  Wikipedia

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